TAHA de ALMEXIXAR Un recorrido por la historia

Un viajero en la Roquetas del siglo XIX: su visión del Campo de Dalías

En esta segunda entrega, antes de ver su paso por el pueblo de Roquetas, aprovechamos para echar un vistazo a la comarca a través de los ojos de Simón de Rojas Clemente hace algo más de 200 años

JUANMI GALDEANO ROQUETAS DE MAR

Recordarán nuestros más fieles lectores que en la entrega del mes anterior comenzábamos a hablar de un botánico que visitó el Reino de Granada entre 1804 y 1809, y concretamente Roquetas en 1805. Comentábamos que su mayor interés era describir los paisajes, el suelo, la geología, la botánica y también la economía local, siendo la obra resultante del conjunto de sus viajes 'Historia natural del Reino de Granada', de la cual recomendamos la edición de Antonio Gil Albarracín.

Nuestro particular viajero, ilustrado y naturalista, había partido el 31 de marzo de 1805 de Dalías a Roquetas. Pasó por las salinas de Punta Entinas-Sabinar y el 2 de abril llegaría a Roquetas. Pero, mientras tanto, iba contemplando y analizando lo que veía, todo ese inmenso Campo de Dalías, visión con la que nos vamos a quedar este mes.

En ocasiones se ha querido circunscribir el Campo de Dalías solamente a lo que antaño era la parte llana de dicho pueblo, más o menos lo que sería hoy El Ejido, pero podemos empezar con la propia definición que nos da Simón de Rojas: «el llano hermoso y fecundo que circunscriben por el este la altura del Cañarete, por el norte las faldas de Sierra de Gádor […], por el oeste el río de Adra y por el sur el mar». Y continúa diciendo que es compartida por «las jurisdicciones de Adra, Berja, Dalías y Roquetas», lo que debemos matizar añadiendo también a Vícar y a Felix, que entonces incluía a La Mojonera.

No cabe duda de que el conjunto de la comarca, la dureza de su paisaje, llamó la atención de Simón de Rojas, que la definió como «uno de los paisajes más hermosos», por la combinación entre la aridez, la fértil vega de Dalías y Berja y los telones de fondo que suponen Cabo de Gata y Sierra Nevada. Especialmente habrá algunos hitos en los que se fue fijando, como el Peñón de Bernal, uno de los principales mojones divisorios de los municipios de la comarca: «la línea tirada desde este a la Torre de los Cerrillos [Cerrillos] divide la jurisdicción de Dalías de la de Roquetas».

«Corre casi paralelo a la playa un reborde o collado», dirá para referirse al alcor, que a día de hoy es especialmente visible en la zona de Almerimar alcanzando una altura notable con respecto a la costa, estableciendo una separación: el «Campo Bajo», entre el alcor y el mar, y el «Campo Alto», entre el alcor y la sierra. Este alcor continúa de forma más suave por todo el litoral y acaba en Roquetas en la zona de El Puerto, a partir de la cual se generaba una zona baja inundable y frecuentemente inundada: La Algaida.

La flora del Campo de Dalías hará las delicias de nuestro querido viajero. En el aspecto botánico menciona la lechaina, el cambrón, la tuera, el lentisco, la sabina o la tápina o alcaparro, especies que han ido perdiendo cada vez más espacio para dejar hueco a la agricultura bajo plástico. Pero, sobre todo, de lo que habla es de los artos, un gran arbusto amenazado y que ha protagonizado polémicas como el intento del Ayuntamiento de El Ejido de reducir la zona protegida conocida precisamente como los Artos de El Ejido.

Señalará a esta planta como refugio, puesto que sus «ramos espinosos y entrelazados se espesan bastante para quebrar el ímpetu del viento y detener el de las aguas», existiendo en la comarca una leyenda que contaba que la Virgen había descansado bajo un arto en su huida a Egipto. Por cierto, ya menciona, hace dos siglos, la presencia de flamencos en los humedales de la comarca, así como una notable población de alacranes.

Todo este paisaje, seco en su mayoría, pero intercalado por algunas vegas, aljibes y norias, tendrá por habitantes a unos itinerantes vecinos perfectamente adaptados a la zona: los pastores. Bajaban a pasar los inviernos al Campo de Dalías procedentes de la Alpujarra, y con ellos pasará la noche al raso nuestro intrépido viajero Simón de Rojas, en el Soto de las Machorras, a poniente del actual San Agustín. Solo tendrá buenas palabras para ellos, «la porción escogida del pueblo más sencillo, cándido y virtuoso de la provincia», criticando a renglón seguido a aquellos soldados y contrabandistas que les robaban el ganado.

Así fue Simón de Rojas, ante todo un observador, capaz de captar no solamente los paisajes, sino también a sus pobladores en sus estudios. Precisamente por eso se convierte en una fuente clave para conocer la comarca a principios del siglo XIX, siempre desde una visión subjetiva, sesgada y personal, pero que no deja de ser una fuente histórica valiosísima. Lo que vea y oiga de Roquetas, lo sabremos el mes que viene.