Mapa de Dalías y su campo del siglo XVIII. Se observan la Torre de las Entinas, la de Cerrillos y sus salinas. / Catastro del Marqués de la Ensenada

TAHA de ALMEXIXAR

Un viajero en la Roquetas del siglo XIX: de Dalías a las salinas de Cerrillos

En esta primera entrega, seguimos los pasos de Simón de Rojas Clemente, un botánico que visitó el Reino de Granada entre 1804 y 1809 recorriendo zonas como el Poniente

JUANMI GALDEANO ROQUETAS DE MAR

Hay pueblos y ciudades que a lo largo de la historia han tenido a mucha gente que les escriba. Granada, Sevilla, Toledo, Barcelona, Madrid… son cientos de personas importantes las que han pasado por ellas y las han soñado, descrito o dibujado. Hablamos de cónsules, viajeros, comerciantes, literatos, filósofos, pintores, músicos, militares y tantas otras profesiones acostumbradas a ir de aquí para allá y con la suerte de saber leer y escribir, cuestión que hasta hace no tanto era todo un privilegio.

Sin embargo, a esta esquina de la Península Ibérica que llamamos Almería, y concretamente al trocico de campo y de litoral que representa Roquetas de Mar, fueron pocos los que tuvieron a algo a lo que venir, y aún menos lo que se dignaron a escribir nada al respecto. Pero haberlos, haylos. Entre ellos destaca el valenciano Simón de Rojas Cosme Damián Clemente y Rubio (1777-1827), Simón de Rojas para los amigos.

¿Cómo vino a parar este hombre a Roquetas? Iniciado en la carrera eclesiástica, a los 23 años decidió ponerla en suspenso y marchó a Madrid, donde empezó a interesarse por las Ciencias Naturales, especialmente por la Botánica. Así, fue escalando puestos y en 1803 recibió el encargo de mano de Godoy (valido de Carlos IV) de visitar el Reino de Granada y describirlo desde el punto de vista natural, especialmente en lo que a vegetación se refiere. Su periplo debemos enmarcarlo en el contexto de la Ilustración, el impulso de la ciencia y el inicio de los viajes románticos tan propios del siglo XIX.

Cinco itinerarios

Entre 1804 y 1809 llevó a cabo cinco itinerarios en los que recorrió los principales pueblos de las actuales provincias de Almería, Granada y Jaén, dando lugar a la obra 'Historia natural del Reino de Granada, a la que hemos podido acceder gracias a la transcripción que realizó Antonio Gil Albarracín. Concretamente nos visitó en su tercer itinerario, en el que recorrería la actual provincia de Almería y algunos pueblos granadinos.

Retrato de Simón de Rojas Clemente en su obra 'Ensayo sobre las variedades de la vid común que vegetan en Andalucía' / R. I.

Saliendo de Granada, había recorrido Dúrcal, Lanjarón, Órgiva, Torvizcón, Alfornón y Albuñol. De ahí saltó a Adra y subió a Adra, Berja y Dalías, y siendo el 31 de marzo de 1805, partió hacia Roquetas, concretamente hacia las actuales salinas de Punta Entinas. Para ello debía atravesar el temido Campo de Dalías, que contrastaba enormemente en aridez con los pueblos de la Alpujarra que había visitado los días anteriores. «De lo que toca a Dalías una tercera parte es enteramente baldío, que no se cultiva jamás por arenisco, pedregoso, de lastra caliza, salitroso», señala nuestro autor, mientras que «la parte de Roquetas carece absolutamente de agua», señalando seguidamente que solamente se puede encontrar mediante profundos pozos, cuestión bastante cierta en Roquetas.

No cabe duda que las salinas llamaron poderosamente la atención de Simón de Rojas, y fue lo primero que visitó antes de llegar al propio Roquetas. «Estos charcos tan largos deben su extensión a lo muy lluvioso del invierno, pues luego que se vayan cortando por la sequedad quedarán reducidos muchos como lo están siempre, especialmente por verano; en esta estación parece que llegan a secarse del todo, dejando cubierto de sal el sitio que ocupaba su agua», diría nuestro autor, aportándonos un testimonio único y valiosísimo sobre su funcionamiento: los charcones se llenaban de agua en invierno y se secaban en verano, produciéndose entonces la cosecha. También nos habla del destino de la sal al decir que «abastece a la Alpujarra».

Igualmente llegó a preguntarse acerca del origen de la sal, pues las salinas en esta época no estaban conectadas con el mar. Afirmará que «parece preciso suponer que el terreno está impregnado hasta muy gran profundidad y en gran copia que eleva la evaporación a la superficie», y no iba muy desencaminado, pues existían distintas afloraciones de agua que atravesaban capas subterráneas de materiales salados.

La visita de Simón de Rojas se produjo en un momento muy interesante, pues en agosto del año anterior varios terremotos habían sacudido a todos estos pueblos. Las consecuencias de estos terremotos también despertaron interés en nuestro viajero: «con este temblor se abrieron boquerones en el terreno inmediato a los charcos, en éstos y otros puntos del campo, que vomitaron mucha agua y fango hediondo», y además «la casa de las salinas está enteramente arruinada por los temblores».

Sin duda, todas estas líneas de Simón de Rojas suponen una fuente crucial, un testimonio privilegiado para conocer la Roquetas de entonces, su economía, su medio natural y su gente. Los pasos de nuestro botánico, su visión subjetiva sobre el territorio, nos acompañarán en los próximos meses en esta sección. El mes que viene, su llegada a Roquetas.