Ocho décadas echando las artes a un mar que aprendió pronto a respetar

Con el estallido de la Guerra Civil, Luis Iborra asomó al mundo y casi 86 años después aún acude cada día al puerto ya no para pescar pero sí para ayudar a sus hijos en el arreglo de las redes

INMACULADA ACIÉN Roquetas

El próximo mes de octubre, Luis Iborra, más conocido como 'El Forraje' cumplirá 86 años. Nació el 18 de octubre del 36, unos dos meses después de arrancar la Guerra Civil. No es el pescador de más edad de Roquetas, posiblemente tenga alguno que le supere en edad, pero pocos podrán presumir de haber estado tantos años como él dentro del mar, puesto que han sido casi ocho décadas subido al barco, a merced de su bravura y su magnanimidad. De hecho, durante la conversación son muchas las veces que advierte de que al mar hay que respetarlo mucho. Y es que a lo largo de su vida son muchas las ocasiones en las que se ha visto en situaciones de las que es difícil salir.

Pese a sus casi 86 años, su piel se resiste a dejar aparecer las arrugas como si el mar frío en el que tantas veces ha tenido que sumergirse en invierno hubiera dejado su piel congelada en el tiempo.

Así recuerda con solo 16 años ir con su padre en el barco a vela. «Se rompieron las velas enfrente de Punta Entinas y fuimos a la deriva hasta Balerma con un trozo de vela» o cuando de noche iban embarcados y se enganchaba el arte en la hélice del barco. «En plena noche tenía que saltar al agua con la herramienta y a cortar red».

Pese a que va a cumplir 86 años, embarcaba hasta hace solo dos y comenzó a hacerlo cuando tenía a penas ocho años. Entonces eran pocas las tareas que podía realizar, pero sí limpiar las redes y a duras penas desenganchar el pescado de las artes, lo que le valía más de un pescozón de su hermano, con el que se llevaba 11 años. Con ocho también tuvo que ponerse a los remos más de una vez ya que el barco de su padre era a vela, entonces no había motores, el motor era el de la fuerza de los brazos de los pescadores.

El pasado martes, Luis Iborra recibió un merecido reconocimiento a toda una vida ligada al mar como el pescador de mayor edad que aún no había recibido tal honor por parte de la Mayordomía de Santa Ana y Nuestra Señora del Carmen, con la colaboración del Ayuntamiento de Roquetas de Mar. Recibió un aplaca de la Virgen del Carmen y un barquito marinero con su apodo, que terminó maltrecho ante de llegar a sus manos. «Fue a darle el barco el muchacho que había a mi lado al alcalde y se le cayó. El alcalde me dio: Luis, un temporal de viento ha venido», comenta entre risas. Otra anécdota para sumar a su recuerdo.

Y es que Santa Ana para los pescadores tiene un valor incalculable. De hecho, Luis Iborra llegó a llevar la talla en su barco en dos ocasiones, agraciado en el sorteo. Dos ocasiones que cuando narra le tiembla la voz de la emoción.

Pese a que ya no sube al barco, sigue acudiendo al Puerto todos los días a ayudar a su hijo, reparando las artes. Tres de su hijos siguen esta profesión que Luis Iborra también heredó de sus abuelos y de su padre y que comparte buena parte de la familia.

Recuerda los inicios del Roquetas actual. «Eran cuatro casillas lo que había entonces». Su familia vivía casi frente al puerto y se pasaba los días, desde bien crío, del mar a su casa y viceversa.

«Yo he estado en todos los mares pescando. He estado en Marruecos y en Senegal. En el barco que estuve en Dakar estuve 50 días en el mar. Salimos de Tarifa y a los 50 días llegamos a puerto. Trajimos mucho pescado como aguja, atunes, tiburones, jaquetones... Tres días estuvimos echando pescado en tierra, pero se rompieron los departamentos donde iba el pescado y salió todo el pescado podrido», recuerda. En aquella ocasión le dieron 600 pesetas por esos 50 días en el mar.

También fue mucho a Marruecos, donde se tiraban tres y cuatro días haciendo la sardina, «pero el mar más complicado y al que más le temo es a la parte de Argelia, los temporales vienen más fuertes. En la parte de Agadir había veces que echábamos el ancla hasta que se calmara el viento», explica.

Compró su primer barco en el año 59, al que llamó Laura como mi madre. «Luego he estado haciendo barcos y vendiendo. Y después ya le dejé el barco a mis hijos e hicieron este con la licencia del anterior», explica señalando a 'Mi Lalita', el barco de uno de sus hijos.

«Nos hicieron un Consejo de Guerra en Almería, pero no pasó nada»

Entre las numerosas vivencias que recuerda, se encuentra la de un mes de enero de 1960. «Vinieron los americanos al paraje natural de Punta Entinas para embarcar los tanques. Vino un temporal fuerte y se lo llevó todo, dejando aquí chapas de aluminio que pesaban sobre 180 kilos. Lo dejaron todo abandonado y todos los barcos pequeños que estábamos aquí fuimos a sacarlas para venderlas», explica, al tiempo que añade que «con toda la sierra nevada, había que tirarse al agua a sacarlas. Nos sumergíamos con una cuerda, la amarrabas de parte y parte y los que estaban arriba tiraban de ella para sacarla».

Y es que, como subraya, «el hambre que había era grande y una chapa de esas valía dinero. 180 kilos a 13 pesetas que se vendía, eran unos cuantos días de pesca. Yo me tiré un día entero en la mar sin salir del agua. Saqué 13 chapas». Sin embargo, poco después llegaría el problema: «nos hicieron un Consejo de Guerra por sacar las chapas y venderlas. Vinieron militares de la Marina de Cádiz a Almería, pero no pasó nada», afirma.

Ahora, asegura que «la pesca está mejor, hay mejores preparativos en todos los barcos, porque antes de salir ya sabes el viento que va a venir y eso hace mucho.Antes entrabas a la mar a la aventura y a lo que viniera. Cuantas veces, las redes se han echado con buen tiempo por la tarde y luego venía un viento y perdías las artes. Y ahora antes de salir sabes lo que te va a venir», comenta. Sin embargo, Luis Iborra casi padece ahora más que antes. «He pasado mucho y ahora sigo padeciendo cuando salen mis hijos, porque como sabes lo que hay en el mar, sufres más estando en tierra, que embarcando».