Brenda Mullen: 'Asociaciones: ¿La cara bonita de la sociedad?'
Yo solía pensar que las asociaciones, los grupos de apoyo, las ONGs, los voluntarios solitarios, etc. representaban la cara bonita de la sociedad. El lado bueno, generoso y ejemplar. Pero con el paso del tiempo y el endurecimiento de la crisis actual he llegado a una conclusión bien distinta.
Julio Valdivia
Martes, 10 de mayo 2016, 10:58
La cara bonita es la parte del derecho universal a un sistema de salud de alta calidad y gratuita, el derecho universal a la ... educación, a un trato imparcial e impecable por parte del sistema legal, a una vivienda digna, a un trabajo digno, al voto libre, acceso garantizado a una información completa e no-adulterada... Es decir, hemos creado un imagen de cómo debería ser la sociedad pero que no es más que eso, un imagen sin sustancia. Y la cruda y fea realidad irrumpe cada vez con más fuerza en la superficie de esa fachada perfecta que hemos inventado, como las espinillas y granitos que brotan en la piel frágil de los adolescentes y que luego, en caso de no curarse al tiempo, se convierten en pústulas perseverantes.
Las llagas de nuestra sociedad son muchas: los 6 millones de parados, los más de 2 millones de niños subsistiendo debajo del umbral de la pobreza, las miles de familias desahuciadas, las otras tantas que son dependientes pero sin quién pueden depender, los extranjeros que no disponen de 160.000 euros para comprar una vivienda (y de paso su tarjeta sanitaria), los enfermos crónicos y discapacitados, los 'perro-flautas', los sin techos, los que no se callan, etc. No son pocas estas irrupciones cutáneas que padece nuestra sociedad. A consecuencia, han brotado de manera espontánea y caótica las asociaciones, las ONGs, y demás colectivos como una especie de reacción inmunológica de la sociedad. Nos hemos creado nuestro propio ungüento antibiótico social para tratar los síntomas más visibles y chocantes de estas manifestaciones pero que no llega a ser lo suficientemente fuerte como para bloquear o anular la virulencia de los ataques del sistema capitalista.
Por mucho que intentemos recoger y redistribuir alimentos para erradicar el hambre, la insaciabilidad de los grandes poderes económicos impide un reparto solidario. Por mucho que se denuncian y se retrasan los desahucios, los bancos seguirán ganando la batalla con la connivencia del gobierno de turno. Todas las protestas, medidas particulares y esfuerzos colectivos para proteger nuestro medio ambiente jamás podrán contrarrestar la fuerza destructora del consumo devorador que fomenta el capitalismo.
No quiero decir que todos estos movimientos son inútiles, ni mucho menos. Conforme esté creciendo el número de personas excluidas (expulsadas) por el sistema y la sociedad sea capaz de crear canales extra-oficiales para acoger y atender a ellas, nuestro sistema inmunológico colectivo crecerá y nuestra conciencia social también. Sin embargo, la enfermedad crece más deprisa que nuestra capacidad de reacción. La solución final e inevitable solo puede pasar por romper en mil pedazos esa cara bonita que presume nuestro sistema actual. Destruir la mentira para llegar a la verdad. Para encontrar un modelo equilibrado, justo y solidario sin pobreza, hambre, explotación y contaminación, tenemos que renunciar y rechazar expresamente al sistema capitalista con sus peculiares estructuras económicas y políticas de poder y su pilar básico del derecho de una minoría (1%) a gastar, explotar, consumir y aprovechar la mayoría de recursos a las expensas de la gran mayoría (99%). Es más, el capitalismo es el anti-sistema.
Hoy día, las asociaciones no son la cara bonita de nuestra sociedad porque ésta, tal como es, no tiene nada de bonito. Nuestra sociedad se ha construido sobre mentiras. Bienintencionadas, tal vez, pero mentiras igualmente. Si la belleza es la verdad o la verdad la belleza, tenemos que buscar la nuestra en la destrucción de la falsedad, del engaño y de la dominación. Cuando desaparezca la razón de ser de todas las asociaciones, colectivos, ONGs, grupos de apoyos y voluntarios solitarios... entonces se podrá contemplar una sociedad realmente bonita.
Brenda Mullen es presidenta de la Asociación de Vecinos La Paz de Aguadulce
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