Roquetas de Mar despide al viejo año llenando sus playas de moragueros
Un año más las playas roqueteras, especialmente la de La Romanilla, se vieron tomadas por miles de personas que no quisieron perderse una de las tradiciones más enraizadas de Roquetas de Mar, Las Moragas. Familias enteras, peñas de amigos, compañeros de trabajo o turistas nacionales y extranjeros que pasan estas fiestas en el municipio, se juntaron en la playa a partir del mediodía y hasta bien entrada la noche para compartir viandas, juegos y conversación.
FRANCISCO GRANADOS
Martes, 10 de mayo 2016, 12:35
Todo ello rodeado de un ambiente distendido, alegre y de gran convivencia, en el que como es habitual en estas fechas tan entrañables, no ... faltaron los villancicos, ni los turrones, ni el cava. Tampoco faltaron las caras tiznadas, otras de las referencias de esta tradicional y centenaria celebración con la que cada 29 de diciembre, lugareños y vecinos del Poniente almeriense y la capital, cada año en un mayor número, acuden a la playa para despedir anticipadamente el viejo año, y quemar en la llama de las hogueras lo peor que les ha dejado de los últimos doce meses.
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Como en ocasiones anteriores, ya desde las primeras horas de la tarde grupos de todas las edades fueron poco a poco invadiendo la playa, ante las curiosas miradas de los turistas que paseaban por el paseo marítimo y que no dudaron en disparar sus cámaras fotográficas y poner a grabar sus vídeos, para captar las más curiosas imágenes de la fiesta. Después y atendiendo a la gran hospitalidad de la que hacen gala cada año los moragueros, muchos de ellos terminaron participando como un miembro más del grupo o peña, y disfrutando de una celebración que, por otra parte, se vio acompañada de una jornada soleada y nada ventosa, que invitaba a sumarse y a participar de esta fiesta pagana que generación tras generación se ha ido consolidando hasta hacerse imprescindible para los roqueteros.
Entre planchas y pailas
Las planchas y barbacoas fueron tomando protagonismo, y por ellas fueron desfilando carnes y embutidos de todo tipo, y como no, el pescado y otros productos de los mares, pues no hay que olvidar que el origen de esta fiesta, que ahora busca ser declarada de Interés Turístico de Andalucía, está estrechamente ligado a la pesca. Tampoco faltaron los ya típicos espetos de caña, clavados en la arena, con una docena de sardinas pinchadas en cada caña por la parte de atrás de las espinas, como mandan los cánones, para evitar que se caigan.
Abundantes volvieron a ser un años más las pailas de migas, para acompañar el resto de las viandas, e incluso algunos grupos tuvieron la oportunidad de degustar y compartir una buena paellas, en la que no faltaba de nada, y como no, también bizcochos, tartas y los dulces típicos alpujarreños como postre o para acompañar los licores y el cava, también presentes, en torno a las brasas.
Chorizos, al estilo infierno, tocinetas, lomos, salchichas, morcillas y otros chorizos humeantes, espabilaban los estómagos, por los que corrían también el vino y la sangría procedente de los porrones y las botas, que junto a refrescos y cervezas, fueron acompañando las distintas degustaciones, todas ellas compartidas por los miembros de los grupos, algunos de los cuales superaban el medio centenar de moragueros.
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Los participantes en la fiesta, algunos de ellos ataviados con los típicos gorros navideños, pelucas o uniformados con los colores de la peña de rigor como Las Cucas , Las Garrus, o la del Peseta, ésta última con sus inseparables zambombas, y panderetas, fueron formando innumerables corros a lo largo de los cerca de trece kilómetros de playa que separan Aguadulce de Punta Sabinar, con especial mención al entorno de la Plaza de La Revoltosa, en La Romanilla, convertido, un año más, en el epicentro de la fiesta.
Alegría y diversión
Palés y palos de maderas amontonados sobre la arena a la espera de convertirse en combustible para las hogueras, ya al caer de la tarde, cuando comenzaron también a aparecer las caras tiznadas, de las que los más afortunados se libraron, no sin esfuerzo. De las viandas, unos pasaron a los bailes y cánticos, y otros optaron por la baraja, el bingo u otros juegos de mesa, mientras se dialogaba, en medio de un ambiente alegre y distendido. No faltaron los partidos de fútbol o voleibol, entre los colectivos más jóvenes, ni un improvisado rally fotográfico en busca de inmortalizar la fotografía más original. Y es que alegría, diversión y convivencia marcaron esta jornada de encuentro en la playa.
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Cambio de escenario
Conforme fue cayendo la tarde, los pubs y bares de copas más cercanos a la zona del Puerto roquetero fueron tomando el relevo de la actividad en la playa, especialmente por parte de los jóvenes, al igual que haría más tarde, la explanada del Club Náutico, donde el Ayuntamiento de Roquetas de Mar, como es tradicional, instaló una pequeña carpa con un escenario sobre la que las orquestas se encargaron de animar las últimas horas de la fiesta.
Ante la carpa musical se congregaron gentes de todas las edades, muchos de ellos con sus caras aún tiznadas y todas dispuestas a seguir disfrutando de la fiesta, mientras a lo largo del litoral, cerca de una treintena de operarios del servicio de limpieza, con apoyo de camiones, palas cargadoras y demás maquinaría, procedían a limpiar las arenas de las playas, y a baldear, barrer y recoger las basuras acumuladas en el entorno de los paseos marítimos.
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Un año más la meteorología quiso sumarse a Las Moragas. El día amaneció espléndido, lo que animó a muchas personas a acudir a esta cita anual con la playa y participar en esta fiesta tan especial, en la que el disfrute en convivencia está garantizado. Esta vez fueron muy pocos los que celebraron la fiesta en sus cocheras o jardines, que otras veces, cuando el tiempo no ha acompañado ha acogido las improvisadas reuniones moragueras. La alta participación que una vez más han tenido Las
Moragas, es prueba del interés que esta fiesta despierta, y no solo entre los roqueteros.
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