El agua de Santa Ana ya protege a los roqueteros

La procesión de Santa Ana y la Virgen del Carmen recorrió las calles del municipio hasta llegar al Faro donde tuvo lugar el tradicional lavado de cara antes de embarcarse

INMACULADA ACIÉN Roquetas de Mar

Las Fiesta de Santa Ana de Roquetas de Mar echaron su cierre en la noche de ayer después de un día muy emotivo. Y es que la de ayer era una jornada para la devoción, la tradición y la emoción.

Todo comenzó ya por la mañana con la Santa Misa en el tercer día de Triduo, dedicado a los abuelos, con un homenaje al pescador de mayor edad, como es Luis Iborra Gallardo, conocido como 'El Forraje'. Más de ochenta años unido a la mar, esa a la que los pescadores tanto aman pero también tanto se teme.

Y es que los mayores cuentan con el mayor de los tesoros, la experiencia, el conocimiento y la memoria.

Ya por la tarde, llegaba el momento de que Santa Ana volviera a las calles, de que pudiera ser acompañada de nuevo por miles de roqueteros y devotos a lo largo de su recorrido. Santa Ana volvía a salir del templo para mirar a su mar y navegar con él.

A las seis de la tarde y de manera puntual, comenzaba una gran traca que anunciaba la salid del templo de Santa Ana y de la Virgen del Carmen, para iniciar el recorrido hasta el Faro, acompañados por la Banda Sinfónica de El Ejido.

La procesión arrancaba en la calle Armada Española, para seguir por la calle Marina Mercante, cruce de la Avenida Sabinal, siguió por calle El Faro, para llegar hasta la explanada del Faro donde centenares de personas esperaban a lado y lado, haciendo el pasillo a las imágenes hasta el lugar donde se llevó a cabo el lavado de cara.

Este año los agraciados en el sorteo fueron Ana Dolores López Moya, que fue quién recogió el agua del mar en una zafa; y Vicente Sánchez Robles, el encargado de lavarle la cara a Santa Ana y secarla con una toalla, que para él queda como recuerdo imborrable. Antes, sin embargo, también llevaron a cabo el lavado de cara el alcalde de Roquetas de Mar, Gabriel Amat, y Javier Escribano García, seminarista a quién cedió su lugar el cura, con el objetivo de que logre volver a hacer brotar la ilusión y por el sacerdocio.

Tras el lavado de cara, ese agua se devolvió al mar para bendecirlo de esta manera y como marca la tradición que Santa Ana proteja a los pescadores y al pueblo de Roquetas del mar, de las tempestades y, por supuesto, que les traiga suerte y buena pesca.

Una tradición tan arraigada que cuentan que había incluso quien no se daba el primer baño en el mar hasta el día de Santa Ana, porque desde ese momento el mar estaba bendecido.

Desde el Faro, Santa Ana y la Virgen del Carmen continuaron camino hasta llegar al Puerto. Santa Ana este año embarcó en La Milagrosa, mientras que la Virgen del Carmen lo hizo en Hermanos Guerrero. Ambos barcos fueron también los escogidos en sorteo entre más de una decena de participantes. Un orgullo para sus patrones que las imágenes naveguen a bordo de sus barcos.

Antes de las ocho de la tarde arrancó un recorrido por el mar que llegó hasta Aguadulce escoltado por numerosas embarcaciones, para volver posteriormente a puerto.

Como cada año las fiestas cerraron con los fuegos artificiales desde la playa de la Romanilla con un espectáculo aéreo-acuático.