«Mis hijos son los que me dan el coraje»

Halima sostiene a su pequeña Méliana en brazos en la casa de acogida de Cruz Roja en Roquetas. /Miguel Cárceles
Halima sostiene a su pequeña Méliana en brazos en la casa de acogida de Cruz Roja en Roquetas. / Miguel Cárceles

Méliana se convierte en la primera bebé nacida en la casa de acogida de Cruz Roja en Roquetas de Mar | Halima, de 34 años, llegó en patera en octubre en busca de un futuro mejor para su hijo Rian y para su pequeña, de la que estaba embarazada

Miguel Cárceles
MIGUEL CÁRCELESROQUETAS DE MAR

Maya (Méliana) duerme plácidamente en un carrito de bebé. Apenas tiene dos semanas, y su mami, Halima, se apresta por recomponerse tras el parto, por estar al cien por cien. Está sola en España y de ella, de sus fuerzas, dependen la bebé y su otro pequeño. «Fue todo bien, di a luz en el Hospital de Poniente de El Ejido», rememora con una enternecedora -y algo nerviosa- sonrisa dibujada en la cara. Lleva apenas seis meses en España, y su castellano aún no es todo lo fluido que ella desearía. Mejor es el de su hijo, Rian, de nueve años. En el cole todo va rápido. Los dos -ella, entonces embarazada- llegaron en patera a Almería a finales del pasado mes de octubre. Y desde entonces viven en el centro de acogida de Cruz Roja Española en Roquetas de Mar, la primera de la provincia de Almería y una de la decena que tiene la oenegé en Andalucía.

«Soy de Orán, de Argelia. No podía seguir allí. Una amiga me puso en contacto con gente que organiza viajes en patera a España. Me costó unos 700 euros en moneda de Argelia. Tuve que vender todas mis propiedades, mi ordenador, mis joyas, para poder venir aquí», recuerda Halima en un bastante más seguro francés. Fue todo muy rápido. Problemas personales y la promesa de un futuro esperanzador al otro lado del Mediterráneo le dieron el empujón definitivo.

«Se lo dije a mi madre, que estaba pensando en irme a Europa en patera. Me dijo que estaba loca, que era un riesgo viajar yo embarazada y con el niño. No estaba convencida. Cuando la llamé a los pocos días, ya estaba en España y me comprendió, me dijo que entendía que hiciera todo esto por el bien de mis hijos», relata emocionada.

Fueron 17 horas de travesía. Salieron poco más allá de las 3 de la tarde y arribaron al Puerto de Almería -a bordo de una patrullera de Salvamento Marítimo- después de las siete de la mañana. «Fue un 28 de octubre, yo estaba embarazada de tres meses, y el mismo día nos trajeron aquí», rememora.

Desde entonces, Halima ha sido una más en el centro de acogida. Un lugar en el que conviven más de medio centenar de personas en extrema vulnerabilidad. «Aquí somos una familia. Algunas veces le pregunto a mi hijo si quiere que nos vayamos a otro lado. Sólo por saber si él está bien aquí, porque no conocemos a nadie no sólo en España, sino en Europa. Y él me dice que está muy alegre aquí, que aquí está su 'familia'. Está muy contento», revela la joven. «Mis hijos son los que me dan coraje para hacerlo todo. Estoy muy contenta, en Roquetas de Almería he encontrado gente con muy buen corazón, me gustaría poder quedarme aquí. Ya tengo amigos y amigas», añade.

A diario, al cuidado de los pequeños -el niño ya está escolarizado- se le añaden reuniones de coordinación con el resto de residentes, asistir a la escuela de español y de informática y sesiones con psicólogos y trabajadores sociales de Cruz Roja. «Me siento como en familia», reitera. No en vano, Isa, una de las trabajadoras del centro, fue quien le acompañó durante el parto. «Fue espectacular. Sabíamos que no la podíamos dejar sola en ningún momento y, efectivamente, no lo estuvo. Lo viví con mucha emoción». Se conocieron al llegar Halima al centro. «Es una mujer con mucha fuerza, luchadora. Todos los días nos da una lección de fortaleza. No es fácil empezar desde cero, sin familia ni conocidos», advierte.

Maya es la primera niña del centro de acogida de Roquetas de Mar. Entró en servicio en octubre, y ha permitido dotar de un recurso humanitario a una zona del país con los mayores índices de llegada de inmigrantes en patera. Hasta el momento, quienes eran derivados a recursos para personas en extrema vulnerabilidad debían ser trasladados a otros centros similares en Jaén, Córdoba, Málaga o Granada, por ejemplo.

Cerca de 6.000 personas arribaron el pasado año a las costas almerienses a bordo de infraembarcaciones en busca de un futuro mejor para sí mismos o para los suyos. Más de 300 voluntarios de Cruz Roja Española en Almería colaboran con la primera atención sanitaria y humanitaria que reciben los recién llegados en diversos puntos de la provincia. Los dispositivos más habituales -al arribar- son los conocidos como ERIE (Equipo de Respuesta Inmediata de Emergencias) que se organizan cada vez que un grupo de personas del sur del Mediterráneo toca el Puerto de Almería. El año pasado fue el de más volumen de llegadas a Almería de la historia. Y entre ellas estaba Halima. Estar embarazada la libró de una expulsión directa. «Argelia tiene convenio», advierten fuentes de Cruz Roja. «Pero la pusieron en libertad por una cuestión humanitaria».

«Yo tengo que estar fuerte. Lo único que deseo para el futuro es que mis hijos estén bien. Yo soy su madre, su padre... Y aquí, en Almería soy su todo, no tenemos a nadie más», relata. Al otro lado del Estrecho, en Argelia, su madre le insufla energías. «Hablé con ella tras el parto, le enseñamos a la niña por videoconferencia. Está muy feliz».

Maya se mueve un poco. Se va acercando la hora de comer y se frota el rostro con la manita. Su madre el pone un lacito en la cabeza. Quiere que salga lo más guapa posible en las fotos. Son días de alegría. El día anterior celebraron que la pequeña ya tenía nombre, Méliana, Maya (un apelativo cariñoso, familiar). Es un ritual habitual en Argelia. La casa de acogida se convirtió en un auténtico festival. Todos y todas se sienten partícipes de la buena nueva. En cierto modo, Maya es hija de todos. Y todos son su familia española.

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