Un héroe y dos sobres de azúcar

Miguel José Ortega Soria, en primer plano, junto a su compañero, José Alberto Díaz Bullido. / F. GAVILÁN

Un guardia civil salva la vida de un joven que sufrió una hipoglucemia severa | El agente, destinado en Roquetas de Mar, socorrió a la víctima cuando se encontraba tirada en mitad de uno de los carriles de El Cañarete y a punto de entrar en coma

Fran Gavilán
FRAN GAVILÁN

Las casualidades a veces son capaces de obrar milagros. Estar en el lugar y en el momento oportunos pueden salvar una vida, máxime si la vocación de tu profesión te impulsa a ello cada día. Esa es la premisa básica de Miguel José Ortega Soria, un agente de la Guardia Civil destinado en Roquetas de Mar que jamás olvidará el pasado 13 de julio.

No es para menos. Este guardia tomó una decisión en pocos segundos y gracias a ello salvó a un joven de una muerte segura tras sufrir una hipoglucemia severa. El agente Ortega aún se emociona cuando lo recuerda y hace participe a su pareja de semejante hazaña. «Mi mujer es diabética y fue todo una suerte que yo atendiera a esta persona cuando estaba al borde de un coma diabético», sostiene.

«Todo pasó muy rápido», atiende el agente, quien explica que la tarde del pasado 13 de julio él y dos compañeros llevaban a cabo labores de seguridad ciudadana a bordo de una patrulla en Roquetas de Mar. «Estábamos en la avenida Carlos III cuando nos alertaron de la Sala 062 de que un hombre deambulaba 'borracho' por la carretera N-340a», en el tramo conocido popularmente como El Cañarete. «Es una carretera muy peligrosa y con mucho tráfico en verano, por lo que nos desplazamos rápidamente a la zona», sostiene Miguel José Ortega Soria.

«Observé que tenía las pupilas muy cerradas, por lo que descarté que estuviera borracho»

A su llegada al lugar de los hechos, los agentes no dieron crédito. «Nos encontramos a un joven tumbado boca abajo en uno de los carriles de la vía y los vehículos tratando de esquivarlo. Era una imagen surrealista», recuerda el guardia, al tiempo que señala que la primera impresión de los agentes es que la víctima estaba ebria.

«Mientras mis compañeros paraban el tráfico, yo me dirigí hacia el joven y observé que estaba semiconsciente». El agente relata que el hombre «estaba despierto pero con la mirada perdida, no sabía dónde estaba y tampoco hablaba».

Fue entonces cuando al agente Ortega le vino a la mente varios momentos que había pasado junto a su mujer. «Observé que tenía las pupilas muy cerradas, por lo que descarté en un primer momento que estuviese bajo los efectos del alcohol. Era una clara señal de que este joven estaba sufriendo una hipoglucemia y había que actuar muy rápido», señala.

En este sentido, Miguel José Ortega desplazó al joven al arcén para ponerlo «fuera de peligro», pidió a sus compañeros que avisaran a una ambulancia y se fue rápidamente al coche patrulla a por su mochila. «Siempre llevo sobres de azúcar porque mi mujer es diabética y ha sufrido varios episodios de hipoglucemia», explica.

En pocos segundos, el agente vertió un sobre de azúcar en una botella de agua y le introdujo el líquido por la boca al joven. «Tuve dificultades porque las personas que se encuentran en ese estado no quieren que las toques».

A pesar de ello, el agente puso todo su empeño y logró suministrarle el agua azucara. «Observé que estaba a punto de sufrir un coma diabético, por lo que saqué un segundo sobre y se lo suministré rápidamente», recuerda el agente, al tiempo que señala que a partir de ese momento el joven «empezó a reaccionar», aunque seguía muy deshidratado.

El guardia se mantuvo junto al joven en todo momento hasta que llegó la ambulancia. «Advertí a los servicios sanitarios de que la víctima sufría una hipoglucemia severa, por lo que le suministraron rápidamente glucosa».

Miguel José Ortega recuerda que, una vez atendida la víctima, el médico se fue hacia él, le abrazó y le dijo: «Si no llega a estar usted aquí, este hombre estaría ahora muerto». Pero el agradecimiento que más le emocionó fue el del propio paciente que, una vez consciente, se abrazó a él y le dio las gracias.

«Según me explicó el joven, que es vecino de El Zapillo, estaba trabajando en Roquetas en una obra cuando le bajó la glucosa. No recuerda nada pero su intención era volver a casa», explica el agente Ortega, quien se sincera y señala que servicios como estos «son la mejor recompensa cuando eres guardia civil». En su trabajo y en su casa la palabra héroe no ha dejado de sonar desde aquel 13 de julio.

Fotos

Vídeos