fotogalería

Miles de personas acudieron al Palacio de Congresos y Exposiciones de Aguadulce para asistir a la ceremonia de Beatificación. / VALDIVIA

Honor cristiano para los muertos por la fe en Dios

  • Presidida por el cardenal Angelo Amato, el Palacio de Exposiciones y Congresos de Aguadulce acogió ayer la ceremonia de Beatificación de 115 mártires de la provincia

La Diócesis de Almería concluyó ayer un largo proceso de reconocimiento a 115 mártires de la provincia iniciado en los años 90, con una multitudinaria ceremonia de Beatificación celebrada en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Aguadulce, en Roquetas de Mar. Un acto que estuvo presidido por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos y Legado Pontificio para la Beatificación, además del obispo de Almería y el arzobispo de Granada, Adolfo González y Francisco Javier Martínez, respectivamente, en calidad de concelebrantes.

Fue una mañana intensa en emociones, en la que se contó con la presencia de más de 6.000 personas llegadas de toda España, con especial protagonismo de la Pastoral Gitana, que se movilizó para acudir a la beatificación de la primera mujer gitana beata de la Iglesia Católica, Emilia Fernández, 'la canastera'.

Entre los presentes más de una veintena de obispos, cuatro cardenales, familiares de los beatificados y numerosas autoridades.

La causa de los 115 mártires tiene su contexto en los años 30 del siglo pasado y particularmente durante la Guerra Civil Española, en un clima de enfrentamiento y represiones sangrientas. Entre los homenajeados ayer se encuentran 90 sacerdotes diocesanos y 22 laicos, entre ellos dos mujeres, así como un religioso franciscano y dos sacerdotes operarios, que fueron asesinados por «odio de fe», según se destacó.

Durante su homilía, Amato aseguró que la Iglesia Católica sigue recordando a sus mártires en la Guerra Civil y afirmó que «cristianismo es la religión de la caridad de la vida y se opone a toda forma de prevaricación y violencia». El cardenal explicó que durante la Guerra Civil en España se vivieron unos años «trágicos», un «periodo doloroso», según sus propias palabras, en el que miles de personas murieron marcados «sólo porque eran católicos» en una tierra de «santos, teólogos, misioneros y fundadores de grandes órdenes».

«Esta tierra se convirtió en terreno de conquista de los caballos del Apocalipsis (...) parecía que el reino del Anticristo se había adueñado de vuestra tierra bendita», sostuvo el cardenal, quien añadió que en estos años «todas las diócesis hicieron su contribución martiriana».

El cardenal dijo que estos nuevos 115 mártires fueron fieles a sus promesas bautismales y «perseveraron firmes en la fe y han recibido la corona de la gloria» y destacó algunos de los lugares en los que fueron asesinados, como el Barranco del Chismo, el Pozo de la Lagarta o los cementerios de Berja y la capital almeriense.

El prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos recordó especialmente a cuatro mártires: José Álvarez-Benavides, deán de la Catedral de Almería, que murió fusilado por no renegar de su fe; Luis Belda y Soriano, laico miembro de la Asociación Católica de Propagandistas; Emilia Fernández 'la canastera de Tíjola', la primera beata gitana que murió por no querer revelar el nombre de quién le enseñó a rezar el rosario, y Carmen Godoy, violada y golpeada antes de ser ahogada en el puerto, según se dijo a los presentes.

Durante la ceremonia, Angelo Amato leyó en latín la Carta Apostólica del Papa Francisco, por la que se procede a la inscripción de los 115 nombres en el libro de los beatos, lectura que dio lugar, acto seguido, al despliegue del Tapiz de los Mártires uno de los momentos más emotivos de la mañana.

Siete religiosas portando velas y siete familiares de los nuevos beatos portando palmas, como signo de martirio, fueron los encargados de abrir la procesión de las Reliquias, cuyo relicario con los restos de una parte de los mártires, fue portado por cuatro sacerdotes.

La presencia de los familiares fue permanente durante toda la ceremonia, además de participar siete de ellos en la procesión de las Reliquias, algunos más participaron en la liturgia de la palabra, como María Concepción Román, familiar de Rafael Román Donaire; María Luz Coromina, familiar de Carmen Godoy, o María Rosa Granados, familiar del sacerdote José Gómez.

Al término de la liturgia eucarística, decenas de sacerdotes acompañados por un voluntario que portaba un paraguas con los colores del Vaticano para que pudieran ser localizados fácilmente, repartieron la comunión entre todos aquellos fieles que se quisieron acercar.

El obispo de Almería, Adolfo González, fue el encargado de intervenir para cerrar una ceremonia que fue calificada de «éxito» por parte de los organizadores, por la respuesta recibida por parte de las comunidades católicas de la provincia y de otras provincias, especialmente en las diócesis de Granada y Guadix.

Destacar que la ceremonia contó con la presencia de varias imágenes, como la de la patrona de Almería, la Virgen del Mar o la del Santísimo Cristo del Amor, una talla obra del almeriense, Jesús de Perceval y titular de la Cofradía del Santísimo Cristo del Amor y Nuestra Señora del Primer Dolor. La Orquesta y Coro Musicalma de Linares, fue la encargada de interpretar los numerosos cantos que se llevaron a cabo durante toda la celebración en la jornada de ayer.